Las fuerzas armadas de Estados Unidos han demostrado capacidades operativas sin igual contra Irán durante el conflicto actual, según CR Today. Desde el inicio de la Operación Epic Fury, EE. UU. ha realizado más de 10,000 salidas aéreas y ha atacado más de 130,000 sitios en Irán, logrando éxitos tácticos significativos.
¿Qué ocurrió?
A lo largo de la guerra entre EE. UU. e Israel contra Irán, Washington mostró su superioridad militar convencional, ejecutando operaciones tácticas significativas. La administración del presidente Donald Trump informó que, antes del alto el fuego del 8 de abril, EE. UU. realizó más de 10,000 salidas aéreas, atacó más de 130,000 posiciones e interceptó 1,700 misiles y drones iraníes. Según el Comando Central de EE. UU., la campaña resultó en la destrucción de más del 85 por ciento de las instalaciones de misiles de Irán y el 70 por ciento de su infraestructura de lanzamiento.[2]
Sin embargo, los objetivos estratégicos más amplios de Trump, como la rendición total del régimen iraní y la eliminación de su influencia regional, aún no se han materializado. El gobierno iraní ha mostrado resiliencia, adaptando su estrategia para mantener una presencia formidable. Las operaciones del Pentágono, aunque exitosas tácticamente, expusieron fallas sistémicas en la política exterior de EE. UU., particularmente en la obtención de un consenso internacional contra las tácticas militares asimétricas de Irán.
“La naturaleza de la amenaza iraní ha cambiado de maneras para las que Washington no estaba completamente preparado”, señalaron los expertos.
El déficit de confianza entre EE. UU. y sus socios del Golfo también se ha ampliado, poniendo en riesgo los objetivos estratégicos a largo plazo. La falta de compromisos claros de seguridad por parte de Washington ha dejado a los estados del Golfo cuestionando la fiabilidad del apoyo de EE. UU., especialmente ante el aumento de las amenazas iraníes.
¿Por qué es importante?
El conflicto en curso destaca las limitaciones de las estrategias militares de EE. UU. en la región. Aunque se lograron éxitos operativos, la incapacidad de traducirlos en victorias estratégicas representa un desafío significativo. El conflicto ha debilitado el papel de EE. UU. como el principal garante de seguridad en Oriente Medio, ya que los interesados buscan garantías en medio de las crecientes tensiones con Irán.[3]
Además, la participación de EE. UU. en el conflicto ha agotado sus recursos militares, lo que genera preocupaciones sobre su capacidad para participar efectivamente en futuros conflictos. La situación en escalada amenaza las asociaciones de EE. UU. en otras regiones y alienta a los adversarios, complicando aún más la dinámica de seguridad global.
Antecedentes
El 20 de mayo de 2026, las fuerzas estadounidenses iniciaron la Operación Epic Fury, con el objetivo de desmantelar las capacidades militares de Irán en respuesta a las crecientes tensiones. Los compromisos militares previos en la región, como las guerras en Irak y Afganistán, sentaron las bases para la postura actual. A medida que Washington se dio cuenta de los avances militares de Irán, se realizaron ajustes estratégicos, incluida la creación de la Red de Acceso Occidental para una presencia más ágil de EE. UU.[1]
Los Acuerdos de Abraham de 2020 habían abierto vías para la colaboración militar entre EE. UU. y sus aliados de Oriente Medio. Sin embargo, a pesar de este marco, la falta de formación de una coalición robusta antes de la guerra resultó perjudicial, complicando los esfuerzos de EE. UU. para contrarrestar las tácticas iraníes.
¿Qué sigue?
De cara al futuro, se espera que EE. UU. revise sus estrategias militares y mejore las asociaciones con los aliados del Golfo, buscando consolidar un marco de defensa colectiva. Se están realizando planes para formalizar la cooperación de seguridad multilateral, con el objetivo de adaptarse a las amenazas en evolución que plantea Irán. Se anticipan discusiones específicas en la próxima cumbre militar programada para el 15 de junio de 2026.

